Scarlett al inicio tenía disfagia y problemas con las texturas. No masticaba ni aceptaba
ninguna textura a la hora de comer. Se arqueaba y se ahogaba hasta el punto de quedarse sin
oxígeno y tornarse morada. Cuando tocaba alguna textura diferente con las manos o los
pies, como el pasto, alguna alfombra o arena, lo que hacía era llorar y asustarse. Ahora come
de todo, sin ahogarse, corre por el pasto y la arena descalza, agarra todo y, sobre todo,
es feliz.
El cambio ha sido increíble. Recuerdo que al año tuvimos una cita con una gastroenteróloga
y nos dijo que “un niño normal se suponía que a los 18 meses comiera de todo y que ella no
iba a estar comiendo de todo a sus 18 meses. Que eso se podía tardar años porque habíamos
dejado perder la ventana”. Lloramos tanto ese día, pero decidimos creerle a Dios y confiar en
nuestras terapistas. ¡A sus 17 meses, Scarlett ya comía de todo! Eso solo lo logra Dios y
un equipo de excelencia como Creeseri.
La intervención temprana es demasiado importante. Puedo decir que las mamás tenemos
un sexto sentido y sabemos cuando algo no está bien. Aunque nos digan que “es normal lo
que le pasa a nuestro hijo”, debemos confiar en nuestro instinto y buscar ayuda tan pronto
veamos el más mínimo rasgo de que algo no anda bien.
Mi experiencia en Creeseri fue la mejor. Los recomiendo al 200%. Todo el personal está
muy capacitado y demuestra amor por lo que hace, lo que es algo súper importante.
- Sharlem (mamá de Scarlett)